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El Reino que crece

En Oración el 3 diciembre 2011 por Haciendo Eco

El Reino se parece a una semilla de mostaza…

Así dice Jesús en la parábola.
Hoy, escuchando la canción Senza rumore, del musical Prime Pagine del GenVerde, y por lo que conozco, pensaba que la experiencia que se cuenta en ella es un constatar lo que está pasando, no de un confiar que pasará.

En la parábola, Jesús utiliza todos los verbos en presente: el Reino se parece a una semilla que crece, se hace un arbusto, las aves anidan en sus ramas…

No es una esperanza, sino la constatación de que el Reino, el Reinado de Dios es así, está ya entre nosotros.

Me pregunto si, cuando no veo cómo el Reinado crece… quizá esté mirando con otros ojos.

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Anunciar la paz

En Música el 3 septiembre 2008 por Haciendo Eco Etiquetado:

Hoy me ha llegado al correo una nota del cantautor madrileño Luis Guitarra sobre el lanzamiento del videoclip de Desaprender la guerra con motivo del Día Internacional de la Paz, el 21 de septiembre. Cantautor, disco y música que recomiendo vivamente.

El caso es que GMail saca unos anuncios personalizados en función del contenido del mensaje… Y hete aquí que entre ellos se pueden ver anuncios de viajes, hoteles, excursiones a La Paz (Bolivia). Que está muy bien, oiga. Que me encanta viajar…

Pero me ha hecho pensar que, aunque hay ciertos valores que están en boca de casi todos, y que se supone que algunos valores son universales… vemos más anuncios comerciales.

Por eso quiero hacer una propuesta para el Día Internacional de la Paz:

Haz un Anuncio para la Paz

(no la de Bolivia, si quieres, la hacemos otro día), la otra Otra.

Escribe unas líneas diciendo porqué te parece importante la Paz, o cómo podemos llegar a ella… o lo que prefieras. Si no tienes dónde (blog, página personal,…) puedes hacerlo como comentario en éste.

Igual así, entre todos conseguimos que cuando busquemos paz en algún buscador, salga (además de la de Bolivia), la otra Otra.

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¿… y el cántaro?

En Evangelio el 3 septiembre 2007 por Haciendo Eco

Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo.» Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando.»
En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?»
La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?» Salieron de la ciudad e iban donde él.
Jn 4, 25-30

La mujer samaritana había ido a buscar agua… Para un pueblo del desierto, el agua es algo especialmente importante, que no se puede olvidar. Si hace falta el agua, es lo primordial.

Allí, junto al brocal del pozo, con su cántaro y su sudor en la frente (alrededor de la hora sexta, dice el evangelista… es decir, el mediodía), se encuentra con un hombre con el que inicia una conversación curiosa, iniciada casi por cortesía, pero que Jesús va guiando hasta que consigue intrigar a la mujer.

La mujer, dejando el cántaro, corrió a la ciudad…
Jn 4, 28

Pero si había ido a por agua… se vuelve de vacío…???!!!!!

Se acerca a un vecino, a otro, va a la plaza…

Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?
Jn 4, 29

Se ve que en todo el viaje de vuelta a la ciudad no ha pensado demasiado en el cántaro, ni en lo apropiado o no de hablar de este extraño que se ha encontrado en el pozo, ni de cómo explicará a sus vecinos porqué es tan peculiar en extraño…

Me ha dicho todo lo que he hecho…
Jn 4, 29

Lo terrenal, lo concreto,… el cántaro, ha pasado a un plano en que, ahora, no es tan importante. Ha encontrado alguien que merece la pena conocer… y quiere contarlo a la gente.

Suelen decir que una persona enamorada es capaz de hacer locuras… y en ocasiones lo que nos falta es precisamente un poquito de pasión para con algunas cosas… un poquito de locura.

Perder el miedo que nos atenaza… claro que para ello, la samaritana hablaba de lo que había visto, de lo que había sido testigo.
La importancia del testigo es que habla de lo que ha visto, sabe que es cierto (y su propia experiencia es garantía de ese verdad) y lo cuenta. Y ellos

salieron de la ciudad e iban donde él.
Jn 4, 30

Una oración, para acabar, del dominico Louis Joseph Lebret

¡Oh Dios! Envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman con algo más que con palabras,
de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.

Danos locos, chiflados, apasionados,
hombres capaces de dar el salto en la inseguridad,
hacia la creciente incertidumbre de la pobreza;
que acepten diluirse en la muchedumbre anónima
sin pretensiones de colgarse una medalla,
no utilizando sus cualidades mas que en provecho de sus gentes.

Danos locos Señor,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes de los que no cuentan para nadie,
amantes de la paz,
puros en su corazón, resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier reto,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
tiernos y fuertes.

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No basta con estar juntos

En Comunidad el 3 septiembre 2007 por Haciendo Eco Etiquetado:

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

Este texto de los discípulos de Emaús siempre me ha llamado la atención por los muchos detalles que me resuenan al leerlo, así que seguramente irá saliendo más veces.

Al principio, dice que

el mismo día en que las mujeres descubrieron el sepulcro vacío y regresaron a contarlo,

iban dos discípulos de camino a Emaús. Imagino a estos dos, alicaídos, discutiendo sobre lo que había sucedido, sobre los proyectos que habían imaginado, sobre sus sueños…

Eran dos… podían considerarse una comunidad. Y sin embargo, parece que van hundiéndose en su propia desesperanza a medida que avanza el camino. En lugar de ayudarse mutuamente a crecer, a avanzar, se van alejando de Jerusalen.

Y entonces Jesús se hace presente junto a ellos… y no lo reconocen.

Es curioso como aquello por lo que más suspiraban, la presencia del Maestro entre ellos, se haga realidad… y no sean capaces de intuirlo.
Pero eso mismo es lo que en ocasiones nos sucede hoy en día. Jesús pasea a nuestro lado, se hace presente en nuestras aventuras y desventuras… y no siempre lo vemos.

Y, como ellos, nos quejamos de su falta, de que haya muerto… o desaparecido… o dudamos de si era el Mesías que esperábamos… ante Él mismo.

Imagino su sonrisa.

Es curioso que no lo reconocen, aunque

  • lo tienen delante
  • les explica las Escrituras, como en una especie de clases particulares
  • su propia experiencia habla de encuentros, ya que algunas mujeres vieron ángeles que decían que vivía… pero a Él no lo vieron

No basta con estar juntos para que realmente se conforme una comunidad. Los discípulos de Emaús vivieron un proceso de purificación, repasando todo lo que no entendían y releyéndolo a los ojos de Jesús, y después de acogerlo como necesitado, lo reconocen al partir el pan.

Es ahí donde la comunidad se acrisola, donde las vivencias del día, los sufrimientos, esperanzas y alegrías adquieren sentido, se comparten y se expresan.

Pero la celebración, la Eucaristía precisa del proceso previo, de repasar a los ojos de Jesús nuestra historia, y de acercarnos a quienes lo necesiten.

Es entonces cuando nos diremos unos a otros

¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?

y regresaremos a Jerusalén corriendo a dar fe de nuestra experiencia.

Una oración de Helder Cámara, tomada de PastoralSJ puede servirte para acabar esta reflexión:

Avanzar
No, no te detengas.
Comenzar bien es una gracia de Dios.
Continuar por buen camino
y no perder el ritmo…,
es una gracia todavía mayor.
Pero la gracia de las gracias,
está en no desfallecer,
con fuerzas todavía o ya no pudiendo más,
hecho trizas o añicos,
seguir avanzando hasta el fin.
Helder Camara

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